De los catálogos disponibles de monumentos de arquitectura militar en la provincia extraemos la relación que sigue, rectificando ya los errores que contiene alguno de ellos. Nos limitamos al hacerla a los castillos efectivos, prescindiendo de las simples torres, puentes fortificados y casonas más o menos defendibles pero que nunca fueron un castillo, como el palacio de Layos. Eliminamos también los que han desaparecido por completo: Canturias, Azután, Calaña o Benquerencia, por ejemplo. Requeriría un estudio aparte, que no es ahora momento de hacer, el catálogo de las ciudades y villas fortificadas: Toledo, Talavera, La Guardia, Vascos, Yepes, Illescas y Ocaña, entre otras, que poseen y poseyeron murallas y defensas comunes a los castillos corrientes, pero con finalidad mucho más ambiciosa que la de éstos.
SAN MARTÍN DE PUSA (Castillo de Santisteban)Olvidado en el catálogo oficial de 1968, se halla en la dehesa de Valdepusa, a siete kms. del pueblo y en la ribera del río Pusa.
Parece obra del siglo XII y está muy destruido. Conserva cuatro cortinas gruesas y sólidas, carece de saledizos, adarve y almenas y debió tener la puerta al Oeste, ya que la rampa de acceso que rodea el cerro termina ante tal costado.
Apenas tiene historia; se atribuye a los Templarios. En el XIV pertenecía a Diego Gómez de Toledo, cuyos sucesores, los marqueses de Malpica y duques de Arión, deben ser hoy sus dueños.
HONTANAR (Castillo de Malamoneda)Fortaleza y refugio de los pobladores de Malamoneda, cuyas casas subsisten aún pero vacías desde hace pocos años. Corre a sus pies el serrano río Cedena y es un edificio rectangular, sin torres, ventanas ni saledizo alguno, de 1,50 mts. de espesor. Su única puerta, de medio punto, es pequeña y el interior está vacío sin resto constructivo alguno, observándose mechinales en la muralla para algún forjado de vigas. Al exterior había un contramuro de hormigón, más antiguo que el castillo, resto probablemente de obra romana y que ha sido demolido adrede hace pocos años. Reconquistado este paraje en el siglo XII aunque ya debió estar poblado siglos antes, se repobló por el caballero Alfonso Téllez, quien en 1210 recibía de Alfonso VIII este lugar. En 1226 lo vendió al arzobispo Jiménez de Rada, junto con Dos Hermanas y otras aldeas de los Montes, pobladas por el mismo luchador. Vuelto a la corona bajo Fernando III el Santo, compró todos los Montes que llevaban su nombre el Ayuntamiento toledano al rey, en 1246, por 45.000 maravedís de oro, siendo ya de la ciudad hasta la desamortización civil del siglo XIX.
Abandonado y sin uso, como la torre vigía próxima a él y curiosamente cortada por su mitad de alto a bajo, debe pertenecer al Estado.
NAVAHERMOSA (Castillo de Dos Hermanas)A unos tres km. del pueblo y sobre un risco, aislado de otro gemelo por el arroyo Marlín, se alza el pequeño castillo de Navahermosa, uno de los más antiguos de la provincia y muy destruido ya. De planta adaptada al risco, alargado y estrecho, es accesible sólo por su única puerta y fue sin duda un baluarte árabe defensor de la frontera natural de los Montes. En 1210 era cedido al caballero repoblador Alfonso Téllez, quien poblando el territorio a su costa -y con su riesgo personal pues estaba en la misma frontera musulmana- lo vendió en 1222 al Arzobispado toledano. Adquirido por el rey San Fernando, lo vende a su vez en 1246 a la ciudad de Toledo, junto con Malamoneda y sus Montes.
Alejado ya el peligro musulmán, lo vecinos del poblado que protegía emigraron a Navahermosa, con mejores posibilidades de cultivo, y quedando abandonado el castillo, se arruinó poco a poco. Se conservan en parte los muros, con esquinas redondeadas en la mitad más alta. No tiene saledizos y sólo huecos para maderos, que sostendrían un adarve interior. Protege la puerta, de arco apuntado, una barrera o antemuro que limita una pequeña plaza de armas. Nada queda en su interior; se le fecha entre los siglos XI al XII.
Pertenece hoy al Ayuntamiento navahermoseño, al cesar la dependencia de los Montes de Toledo de la capital.
SAN MARTIN DE MONTALBÁN (Castillo de Montalbán)Aunque su situación sea menos inexpugnable que el de Peñas Negras, es el de Montalbán el más robusto, extenso y fuerte de todos los de la provincia, probablemente más aún que el de Escalona; aunque su historia sea mucho más oscura y tranquila.
Tal vez por su misma fortaleza, no queda noticia de que haya sido atacado en una verdadera batalla. Cercano a una calzada romana y a la ermita de Melque, conserva en su interior restos de una anterior fortaleza musulmana, cuadrangular y mucho más pequeña. Ocupa un lugar sumamente fuerte, cortado al Norte y Noroeste por el profundo tajo del Torcón (de 100 mts. de profundidad) y dos torrenteras al Este y Oeste que lo defienden perfectamente por los otros dos lados. Queda así un espacio de más de 15.000 m2 bordeado de muralla almenada, con escasas torres cuadrangulares, con garitas en algún ángulo.
La fachada Sur da a un terreno llano, por lo que aquí se acumularon todas las defensas posibles. Hay primero un ancho foso que unía las torrenteras; a continuación un torreón semicircular, bajo y almenado, a guisa de coracha y con saeteras, que prolonga la barbacana exterior, y que también lleva almenas y aspilleras en piedra caliza. Desde ésta y por tres puertas, más una poterna, se llega al espacioso camino de ronda que rodea casi la mitad del edificio principal.
Se entra a éste por dos puertas protegidas por enormes espolones o albarranas pentagonales, con esbeltos arcos apuntados que sobrepasan los 10 mts. de altura en la clave, y tres postigos, muy disimulados. Están construidas con mampostería y ángulos de sillares que conservan numerosos signos lapidarios (algunos, la estrella de David). Ambas albarranas cabalgan sobre el camino de ronda y aunque parecidas, es maciza la de la izquierda y con habitaciones la de la derecha, mejor conservada. Tiene ésta saeteras y cuatro matacanes de ladrillo, estando unida a la torre mayor, al interior del recinto, que tuvo matacanes también. A ambas se sube por una escalera tras de la muralla, restaurada hoy en sus primeros tramos.
Dos silos o cisternas subterráneos, de gran capacidad, quedan en el interior, cuyo recinto se conserva completo. La parte que da al precipicio es más débil -por quedar suficientemente defendida por el derrumbadero-, de tapial en algunos tramos, por lo que ha perdido el coronamiento.
Debió construirse este impresionante edificio como punto de defensa de la orilla izquierda del Tajo, reformando mucho y ampliando más el castillo árabe que allí existía, abandonado tal vez al rendirse Toledo. Ya en 1209 se cita a la villa de Montalbán, cedida al repoblador Alfonso Téllez; pero el edificio que hoy vemos debió construirse por los Templarios, a quienes se lo cedió Alfonso VII pocos años después, haciendo de él y de sus dehesas inmediatas, hoy casi despobladas, la más importante encomienda de su Orden en Castilla.
En 1308 vuelve a la Corona, donándolo Alfonso XI a Alfonso Fernández Coronel. Enemistado éste con Pedro I, se reforma el edificio y se le añaden nuevas defensas. Ejecutado Fernández Coronel, se cede el castillo a la hija ilegítima de Pedro, Beatriz. Tras de un pintoresco episodio, en que albergó la fortaleza a Juan II, que quedó en él sitiado por los secuaces del infante don Enrique en diciembre de 1420, pasó el estado de Montalbán (La Puebla, Villarejo, San Martín y Menasalbas) a don Alvaro de Luna y, muerto éste, a su viuda que lo habitó en ocasiones. Bajo Enrique IV lo adquiere su valido Juan Pacheco, y desde él se transmite a sus sucesores.
Hoy pertenece al ducado de Osuna, que lo arrienda con la dehesa.
En 1931 fue justamente declarado monumento histórico-artístico, a la vez que la ermita de Nuestra Señora de Melque.
LAS VENTAS CON PEÑA AGUILERA (Torre de los Moros)En un cerro próximo a la carretera y guardando un poblado (Peña Aguilera, ya desaparecido) quedan restos de esta pequeña y antigua fortaleza, musulmana seguramente y que guardaba el paso de los Montes. Se compone hoy de una robusta torre rectangular, de 7 por 9 mts., con los ángulos redondeados, de 1,70 mts. de espesor de muro y con una sola puerta hacia el interior. Carece ya de coronamiento y tuvo dos plantas.
Al Suroeste hay otra torre menor, también rectangular, unida a la mayor con un muro más moderno. Próximas a ambas y en el valle donde estuvo el pueblo se ven unas veinte sepulturas excavadas en roca de granito, algunas de dimensiones capaces para dos personas.
Hacia el siglo XIV debió despoblarse Peña Aguilera, yéndose sus vecinos a las ventas construidas junto al camino, a un kilómetro y medio del castillo. Ya en 1576 se desconocía el origen y dueños de éste, llamándole como hoy.
CUERVA (Castillo de Peñaflor)Del siglo XIII, tiene planta rectangular con tres torres circulares en los ángulos, terminando el muro en adarve y andamio por todo el coronamiento, de lo que quedan solo los canes. Posee dos cuerpos avanzados ante la cortina del Este, uno muy anterior al resto del castillo. No debió haber tenido torre del homenaje, ni foso protector.
Construido probablemente bajo Alfonso X, lo adquirió en el siglo XV el adelantado de Cazorla don Juan Carrillo. Vendido a don Garcilaso de la Vega, padre del famoso poeta, lo heredó su hijo mayor, Pero Lasso, quien habitó en Cuerva y también sus descendientes hasta el siglo XVII. Sus últimos dueños, los condes de Oñate, se desentendieron del edificio -ya muy destruido en 1576- y en 1881 fue demolida toda la fachada principal, para obtener grava para la carretera que pasa frente a él.
Restan hoy, por tanto, sólo tres de sus fachadas, faltando totalmente el interior. Es propiedad del Estado, al declarársele bien abandonado y sin uso.
GÁLVEZ (Los Castillos)Está a 4 km. de la villa, quedando sólo tres de las cuatro torres angulares que debió tener, faltas de la muralla, por lo que es conocido como Los Castillos por estar aisladas. Datado en el siglo XIII, se ignora su constructor; carecen las torres de coronamiento y están hechas de mampuestos pequeños, unidos con cal por fuera y por el interior con barro y yeso, estructura débil que motivaría su temprana ruina.
POLÁNDebió ser de gran tamaño, a juzgar por sus restos que se alzan al norte del pueblo, sobre terreno llano. Se ignora su planta, ya que sólo se conserva la fachada Oeste y no completa, rota en su centro.
Subsisten las fuertes torres de sus extremos que, construidas con estribos exteriores curvos, semejan un pilar central rodeado de columnas adosadas a él y se unen en la parte alta con arcos de ladrillo de medio punto.
Sobresale aún el adarve, que llevó canes que sustentaban el andamio volado sobre ellos. Tal sistema, único en España, parece importado de fortalezas francesas de los siglos XI y XII.
Se desconoce -por desgracia, dado lo singular de su estructura- la historia de este edificio. Pudo pertenecer, en el siglo XV, al poeta Lope de Stúñiga, quien por su esposa Mencía de Guzmán tenía en Polán casa señorial. En el XIX pertenecía el castillo a los marqueses de Cerralbo.
Hoy posee sus restos el Ayuntamiento de Polán.
GUADAMURSe asienta en una colina que domina el poblado y es un cuadrado de 30 mts. de lado, circundado por un contramuro que defiende un ancho foso sobre el que cruzaba un puente levadizo. Protegen a éste dos cubillos y un matacán sobre la puerta.
La torre del homenaje, de 18 x 12 mts. de base y treinta y uno de altura, se yergue airosa sobre el conjunto, provista de canes triples como gran parte del cuerpo del castillo y la adornan seis garitones sobre ménsulas circulares voladas, adornadas con bolas. Todo ello muy propio del siglo XV en que lo construyó don Pedro López de Ayala, nieto del Gran Canciller, señor de Cedillo y otras villas, conde de Fuensalida desde 1470.
Abandonado en el siglo XVIII al menos, fue comprado y reconstruido con acierto en 1887 por el conde del Asalto, amueblándolo con gusto.
Saqueado y deteriorado en 1936, ha sido restaurado de nuevo, siendo declarado monumento histórico-artístico en 1964.
Alberto Conde Oya
3 de mayo de 2005