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Ruta por los castillos de Toledo: Ruta del Este


De los catálogos disponibles de monumentos de arquitectura militar en la provincia extraemos la relación que sigue, rectificando ya los errores que contiene alguno de ellos. Nos limitamos al hacerla a los castillos efectivos, prescindiendo de las simples torres, puentes fortificados y casonas más o menos defendibles pero que nunca fueron un castillo, como el palacio de Layos. Eliminamos también los que han desaparecido por completo: Canturias, Azután, Calaña o Benquerencia, por ejemplo. Requeriría un estudio aparte, que no es ahora momento de hacer, el catálogo de las ciudades y villas fortificadas: Toledo, Talavera, La Guardia, Vascos, Yepes, Illescas y Ocaña, entre otras, que poseen y poseyeron murallas y defensas comunes a los castillos corrientes, pero con finalidad mucho más ambiciosa que la de éstos.

ALMONACID DE TOLEDO

Dada su estratégica situación, vigía de un antiguo camino a La Mancha, es lógico su origen musulmán. Fue donado por Alfonso VI a la Catedral toledana, siendo bastante reformado por orden del arzobispo Tenorio a fines del siglo XIV, adquiriéndole los condes de Mora a finales del XVIII.

Se destaca su elevada torre del homenaje, centrando el amplio recinto, con completa barbacana y camino de ronda, siendo notable aquélla por sus triples troneras. Su última función belicosa la tuvo en 1809, en que sirvió de refugio a las tropas del general Venegas, acosado por los franceses. Hoy es de propiedad particular y, aunque privado de sus sillares y ruinoso en parte, parece consolidada su estabilidad por ahora.

MASCARAQUE

Modesto y curioso edificio, desmochado adrede al comenzar la Edad Moderna y por ello de escasa altura. Se le fecha en el XIV y está adosado a las casas del pueblo, teniendo estructura mixta entre palacio y fortaleza. Considerado como perteneciente a la familia Padilla (no sabemos si del comunero o de alguien del pueblo llamado así) se construiría como enlace entre los de Almonacid y Mora, ambos muchos más importantes y fuertes que éste.

Es cuadrangular, con torre mayor también de planta recta al Noroeste y tres cubos en otros tantos ángulos. Se abren en sus muros ventanas en arco rebajado, llevando estrellas de cinco puntas tres de ellas. Falta lógicamente todo el coronamiento y los dos puentes levadizos que debió tener.

De propiedad particular, se ha tramitado favorablemente su adquisición por el Ayuntamiento para complemento del jardín municipal que se extiende entre él y la carretera.

MORA (Castillo de Peñas Negras)

Importante e histórico castillo, quizá el más fuerte de toda la provincia por su situación roquera y que sirvió de eficaz defensa de Toledo y su tierra en los azarosos días de Alfonso VII. Por orden de éste fue construido en el siglo XII, siendo su alcaide Munio Alfonso, jefe de la milicia toledana que desde él lucho reiteradamente contra los almorávides, quienes le apresaron en una emboscada enviando su cabeza a Córdoba y su cuerpo a su esposa. Sustituyó al otro anterior, árabe y del que nada queda, situado probablemente en el casco de la villa; muchísimo menos fuerte que el actual y varias veces conquistado y perdido.

Dado como dote por Alfonso VIII a su esposa Leonor de Inglaterra, fue cedido poco después a la Orden de Santiago, con la propia villa, formando una encomienda. Siguió siendo de la Corona pero se cedió su tenencia -no su propiedad- a don Francisco de Rojas, señor de Mora y Layos. Tras de servir de prisión de Estado varias veces por su gran seguridad -se dice que aquí estuvo preso César Borgia-, se ha donado al Ayuntamiento de Mora, que ha arreglado el acceso al edificio.

Se yergue sobre un alto y áspero cerro rocoso, largo y estrecho, resultando inexpugnable por el Oeste, donde se abre un curioso postigo al que hay que bajar por un pozo desde el castillo. La puerta del recinto exterior se abre al Este y en el centro del cuerpo principal está la torre del homenaje, que lo divide en dos partes hoy incomunicadas. Tiene la torre planta cuadrada, con dos pisos al menos. Al Sur, el buque que forma el alargado castillo termina en una atalaya. En la cara Este de la torre principal estuvo la puerta, de la que resta sólo la escalinata; en la otra parte del castillo hay un postigo que tuvo que disponer de un puente levadizo, ya que hay un profundo foso excavado en roca.

Delante de tal foso hay una plaza de armas, también alargada, limitada por un antemuro con varias torres. Tal antemuro termina en la puerta del Norte sobre grandes peñascos.

El conjunto está muy destruido y tal vez reutilizados los materiales en otro lugar, al menos los de sillería. Falta totalmente el coronamiento, si es que existió.

MANZANEQUE

Pequeño castillo, incluido en el casco urbano y frontero al Ayuntamiento, a quien pertenece hoy y en él ha instalado parte de sus oficinas.

Es cuadrado, con un cuerpo avanzado que protege la entrada, entre dos estrechos cubillos macizos con un hueco en lo alto, sobre la puerta, con oficio de matacán.

Tuvo cerca exterior y foso, con cuatro torres redondas en los ángulos de aquélla, desaparecidos. Fue restaurado recientemente para su nuevo uso administrativo.

Construido por Íñigo de Ávalos a mediados del XV, pasó a los condes de Cedillo. Abandonado por éstos y usado sólo por el Ayuntamiento para archivo, dependencias oficiales y palomar en la torre, adquirió al fin la propiedad. Su última actividad belicosa fue en 1833, al servir de refugio al vecindario contra los carlistas.

ORGAZ

Es rectangular, de mampostería y ladrillo y se alza junto a la histórica villa. Fue palacio fortificado de los Ruiz de Toledo y de los Guzmanes, señores de Orgaz. Se destaca su torre del homenaje, de 20 mts. de altura, así como el ábside de su capilla que sobresale del muro exterior. En lugar de torres, protegen sus esquinas bellos garitones de sillería con saeteras, coronados con merlones, siendo muy estrechas las almenas o huecos. Junto a la torre está entre finas columnas la puerta, de medio punto, con el escudo del linaje Guzmán. Destruido totalmente en su interior e intentada su venta para demolerlo, ha sido recientemente reconstruido por un particular quien ha salvado así tan estético edificio, construido a fines de XIV o comienzos del XV.

LOS YÉBENES (Castillo de Guadalerzas)

Dos castillos se han sucedido en el paso o Congosto de Guadalerzas, clave del camino a la Córdoba musulmana. De los dos queda uno casi completo en su exterior, y escasas hiladas de su antecesor de origen árabe y que tuvo la misma misión que su compañero más moderno, aunque su objetivo tuviera signo contrario.

El edificio más antiguo ha sido recientemente descubierto (pues, aunque parezca extraño, se ignora su existencia y no figura en ningún catálogo, que sepamos). Se halla en la orilla del arroyo Guadalerzas opuesta al castillo cristiano y sólo quedan de él una o dos hiladas de sillares que sin una excavación poco nos dicen de su estructura.

Conquistado el paso y sus defensas por Alfonso VI, la Orden de San Juan a quien se encomendó su defensa lo cedió a la de Calatrava, o tal vez la sustituyera ésta espontáneamente por perder la anterior el edificio, en 1180. Debió estimarse insegura la vieja fortaleza y se levantó el castillo actual, compuesto de una fuerte torre rectangular, protegida por un antemuro con torres circulares en sus ángulos. Todo ello almenado con merlones rectangulares, y con un matacán sobre la puerta exterior de entrada.

CONSUEGRA

Romano en su origen, correspondiendo a la antigua Consaburum o Consuegra.

Su planta actual es de fines del siglo XII, irregular, a manera de nave con su proa hacia el Suroeste. Consta de varias torres, unas redondas y otras rectas, rodeadas por una cerca exterior. Está construido con mampostería y cal, si bien quedan en su interior restos de hormigón muy anteriores a la actual fábrica. Existente ya en época musulmana, ocupado por Alfonso VI -se dice que como parte de la dote de su esposa Zaida- y perdido en 1108 por la derrota de Uclés, fue donado por Alfonso VIII en 1183 a la orden de San Juan que situó en él la capital de su Priorato de La Mancha, custodiando el paso a la región de la que es puerta natural. En él celebró varios capítulos la Orden y allí se conservaba su valioso archivo, destruido al parecer en la invasión francesa, cuyas tropas le ocuparon desde 1809 a 1813 por su valor estratégico. Adquirido por el Ayuntamiento consaburense, se ha restaurado en parte.

HUERTA DE VALDECARÁBANOS

Fue construido a fines del XII por la Orden de Calatrava y tiene planta exagonal muy alargada (60 mts. por 15) conforme al cerro donde se asienta y con extremos en curva. Tuvo dos recintos exteriores al principal y un foso, y quedan indicios de un aljibe en su centro, o quizá la entrada a un subterráneo, no explorado.

Conservaron bien el castillo los calatravos hasta 1538 en que compró la Encomienda de Huerta el regidor talaverano Alvaro de Loaysa, desmantelándose pronto el edificio, que ya en 1575 estaba casi abandonado. En el siglo XVIII se le describe sin puertas, madera ni techo y sin rejas.

Vendido y abandonado del todo a fines del XIX, parte de sus piedras se llevaron a Huerta para construir el cementerio municipal.

DOSBARRIOS (Castillo de Monreal)

Datado en los siglos XI a XIII, era de planta casi triangular, para adaptarse al cerro donde se asienta. Quedaba hasta hace poco una torre semicircular, medio derruida, dos naves alargadas y una entrada en codo, cubiertas con bóvedas, así como un aljibe.

Se documenta su existencia en 1205, titulándolo Caravanchiel y cediéndole en 1205 Alfonso VIII a la Orden de Santiago para completar su línea defensiva al sur del Tajo. Al amparo de la fortaleza nació un pueblo que ya existía en 1214 con iglesia propia, acogido al fuero de Ocaña y cambiando su nombre por el de Monte-Reyal.

En el siglo XIV fue cedido con la vega aneja a él al pueblo de Dosbarrios por el comendador santiaguista. Despoblado el caserío, ya en el XV, quedó abandonado el edificio, del que en el XVIII se advertía aún su plaza de armas y el foso. Al construir una extensa casa de labranza en la vega inmediata, se arrancaron del castillo sus piedras, reduciéndolo a restos informes.

ONTÍGOLA (Castillo de Oreja)

Está formado por una fuerte y elevada torre rectángular, cercada por una muralla que sigue la línea irregular del risco donde se asienta. Risco aislado, en parte, del borde de la meseta que limita el Tajo por el Norte, cuyo vado natural que aquí existía, vigilaba el castillo. Posee algunas saeteras circulares, indicios de matacanes de madera y grandes y toscos merlones que rematan las torres. Las esquinas, de sillería, están redondeadas a media altura y sólo tiene una puerta. En el interior quedan dos bóvedas y una cisterna.

Poblado el paraje con la ciudad romana de Aurelia (antecedente del nombre de Oreja), los musulmanes ya tenían aquí un castillo en tiempo de Alfonso VI, quien lo adquirió. Perdido tras la derrota de Uclés (1108), fue una amenaza constante para el reino de Toledo al controlar el vado y permitir su paso a expediciones que avanzaban por la orilla derecha hacia la ciudad, anulando la cabeza de puente de San Servando. Asediado duramente por Alfonso VII, se rindió por hambre y sed en 1139 y se repobló la villa con cristianos, a quienes se otorgó un fuero de gran interés histórico.

Reconstruido entonces el viejo castillo y nunca perdido después, se cedió a la Orden de Santiago y por fin perteneció a los duques de Frías. Perdida su utilidad belicosa e incómodo el paraje para ser habitado, casi todos sus vecinos se han ido a Ontígola o a Aranjuez y queda un modesto barrio anejo a su ruinosa defensa, visible desde lejos.

SESEÑA (Castillo de Puñoenrostro)

Fue defensor del caserío de Puñoenrostro, despoblado desde fecha remota. Subsiste este original edificio, del que la torre del homenaje es la mayor parte de su construcción. Además del ancho foso que le rodea, excavado en el cerro, y de un antemuro muy destruido ya, es un cuerpo cuadrado de unos 40 mts. de lado, con un recinto exterior de casi 7 mts. de anchura. Doce tienen de alto las murallas, ya sin coronamiento, unidas en las esquinas con cuatro torres circulares cuyo remate, algo saliente, apoya sobre originales canes cuadrados. La puerta, que tuvo puente levadizo, se abre al Sur entre dos cubillos; al lado opuesto está la torre mayor, que sobresale siete metros fuera del recinto principal y que se eleva, cuadrada y recia, protegida por cubillos en los ángulos, treinta y cinco metros nada menos, por dieciocho de lado. Una hilera de canes, en gran parte desaparecidos, sustentaban un almenaje volado. El interior se arruinó también, excepto bóvedas en los pisos de la torre; quedan, también, tres caballerizas subterráneas.

Se le data en el siglo XIV y fue cedido por Enrique IV a Diego Arias de Ávila, su contador y secretario. Nombrados condes de Puñoenrostro sus sucesores bajo Carlos I, en 1862 le vendieron con su dehesa. Recientemente ha sido restaurado, según nuestras noticias.

Alberto Conde Oya
3 de mayo de 2005